Carta para alguien que no murió para siempre

#OfrendaLiterariaComunitaria
Texto: Carta para alguien que no murió para siempre
Autoría:  Ana Ramírez

Buenos días… tardes o ¿noches?, no sé qué hora, ni qué día sea en donde te encuentres. Ni siquiera estoy segura de poder tener contacto contigo, ¿dónde estás, puedes leer?, ¿podrías escucharme si te leo en voz alta?,  ¿o acaso leer y escuchar son  actividades propias de la vida terrenal?

 

No sé si comenzar por lo que me oprime el pecho, lo que me hace sentir pequeñita y tan frágil que al mínimo toque puedo romperme; o empezar por lo que hace que le sonría al universo, que me hace cantar a los cuatro vientos y me llena los ojos de lágrimas de mera felicidad.

C: Cottonbro Studio

Es curioso cómo el recuerdo de una persona puede provocarte una infinidad de sentimientos. La gente dice que solo debemos quedarnos con los buenos, yo creo que no, ¿por qué habría que olvidar los malos?, al fin y al cabo, son parte de las vivencias que compartimos. Así que me aferro a conservar hasta el más mínimo detalle de ti, porque es prueba de que en algún momento estuviste respirando el mismo aire que yo y no solo eres la fotografía que guardo en mi cartera.

Antes pensaba que era una injusticia que las personas buenas no tuvieran un final feliz, pero, ¿cuál sería un final feliz para una persona que va a morir? De ahí aprendí que no existe el momento indicado para darle el último adiós a quien amas, y debemos valorar incluso, los silencios que se comparten. Que no hay que arrepentirse del pasado, sino asumir lo que se ha hecho y realizar un cambio si es necesario. Que no siempre las cosas van a resultar como se espera, pero debemos afrontarlas debemos afrontarlas como guerreros.

 

Desde que caíste en cama, no me sacaba de la cabeza la posibilidad de que podrías ser un número más en la cifra de fallecidos por esa enfermedad. Entonces comenzó a faltarme el aire por las noches, llegaron a invadirme ideas catastróficas que me hacían sudar, y un nudo en la garganta me impedía tragar alimentos. 

C: Ksenia Chernaya

—No puedes seguir pasando los días así. Tendrás que tomar tranquilizantes— me dijeron, pero me resistía a tomar algo que me provocara bajar la guardia. Esas dos semanas preferí pasarla angustiada, consciente de cómo cada vez tu respiración se hacía más rápida y tus latidos más lentos, producto del máximo esfuerzo que hacía tu cuerpo por mantenerte vivo.

Pasó un jueves. Sabía que sucedería, lo supe desde que el médico que vino de urgencia a la casa para revisarte, sugirió que pasara a verte antes de que te llevaran  —Creo que es importante que vayas a decirle lo mucho que lo quieres y le digas que lo vas a estar esperando— esas fueron sus palabras, pero en realidad me estaba diciendo que pasara a despedirme. 

 

Recuerdo cuánto lo odié, me enojé con él por hablarme con la verdad, lo maldije a él y a su limitada ciencia. Me quedaba un Dios, un ser que todo lo puede, pero mi fe en Él se iba haciendo pequeña al no ver resultados de mis oraciones.  

 

Aún me veo despidiéndote con los ojos inundados en lágrimas y la sonrisa fingida, intentado ocultarte el miedo que tenía de que ya no regresaras.Después de verte partir aquella tarde, en ese vehículo blanco, luces rojas y ruido ensordecedor, las siguientes horas se me  fueron en pensar mil escenarios  —Estará bien, ya verás que va a recuperarse y todo lo malo pasará— me dijeron, pero escuché esas palabras innumerables veces desde que enfermaste y nunca sucedió.

Entendí que no puedes luchar contra la naturaleza; agarra parejo, no hace distinción entre personas buenas y malas, porque si fuera de esa forma, estoy segura de que aún estarías aquí. —Hicimos lo que estuvo en nuestras manos, pero su cuerpo ya no resistió— fue lo que dijo el doctor. 

Dejaste este mundo por la noche, y aunque amaneció al siguiente día, para mí ya no había más sol.

C: Pavel Daniluk

Algunos dicen que tener el corazón destrozado es lo peor que puedes sentir, pero desde mi experiencia, puedo decirles que es peor ya no sentir nada, porque has sentido lo peor hasta el extremo; tener la sensación que se han llevado una parte de ti y que sin esa parte ya no puedes vivir. Ya no llorar porque se te han acabado las lágrimas,ya no gritar porque te has quedado sin voz, ya no romper todo porque te has quedado sin fuerza. 

Nunca imaginé que a mis primeras dos décadas de vida, estaría firmando un documento en donde reconocía que el cuerpo que me estaban entregando era tuyo. Tampoco se me pasaba por la cabeza tener que preparar tu funeral tan rápido; eso eran cosas debían hacer los adultos y yo tan solo era tu pequeña. 

Confirmo que las ceremonias de despedida son más para los vivos que para los que se fueron. Preparé un lugar para que la gente que también te había amado, pudiera dedicarte palabras, tocarte canciones, depositarte flores o encenderte veladoras, cada gesto con diferente significado según la persona. Yo decidí escribirte.

Pasa mucho tiempo para hacerte a la idea, que a quien veías todos los días, y cuya existencia parecía parte de la tuya, se ha ido para siempre. De repente me encontré esperándote para comer, viendo la puerta con la esperanza de que aparecieras, mandándote mensajes para contarte algo que me había sucedido, dirigiéndome a tu cuarto para recostarme contigo… pero ya no estabas. 

Mucho tiempo te busqué de forma física, hasta que comprendí que la muerte no es equivalente a dejar de existir, porque ahora encuentro tu paz en el viento cuando me estoy ansiosa; percibo tus consejos en el rayito de sol que me ilumina cuando tengo dudas; y veo tu amor en los colores del cielo que alegran mi día. 

C: Ksenia Chernaya

Quiero creer que los muertos van a donde ellos creen que irán, si los han separado de su mundo, su familia y sus actividades, lo mínimo que deberían de hacer es llevarlos a donde ellos quieren. Por eso dejé de preocuparme por el qué pasaría contigo; estoy segura que estás en aquél paraíso en el que tanto creíste.

Ojalá pudieras contarme qué se siente vivir eternamente; quedaría encantada porque me describieras las maravillas del cielo; me gustaría saber qué es vivir tranquilo y feliz; quisiera conocer acerca de lo que es no tener preocupaciones ni sufrimiento.

Inicié preguntándome si en donde te encuentras podrías leerme o escucharme, pero ya no importa si sólo queda escrito. He decidido escribir para no olvidar nada, las llevaré conmigo el día que llegue mi turno, porque al igual que tú, creo en la vida después de la muerte. 

 Adiós, papá. Hasta que nos reencontremos. 

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